jueves, enero 21

Un joven tendría que pagar 10 mil pesos a un videoclub como multa por no devolver una película después de cuatro años

El joven Andrés Faes, de tan sólo 16 años, tendría que abonar diez mil pesos a una tienda de video en concepto de multa por no haber devuelto el film Soy Leyenda que rentara durante el año 2007 en formato DVD.
La alarmante y llamativa suma sería consecuencia, según explicó Francisco Ruibal -dueño del videoclub-, de "1460 días en los que el cliente retuvo la película en su domicilio particular".
"La cuenta es fácil y ya lo dice un cartel pegado sobre el mostrador; por cada día de retraso en las devoluciones son 7 pesos de multa, y según consta en los registros Andrés jamás había devuelto Soy Leyenda, por lo que mi empleado procedió a llamarlo por teléfono y se constató que eso fue realmente así. Si el error del cliente saltó recién ahora no es mi culpa, así que yo quiero cobrar", agregó de inmediato.

Según un fuerte rumor los padres del joven moroso dijeron que su hijo aún se encuentra angustiado y éste les habría confesado que sí alquiló el DVD en cuestión pero que cuando se dio cuenta que no lo había devuelto ya habían pasado algo así como cuatro meses y prefirió dejar las cosas como estaban para no "pasar papelones".

Cuando cuatro años más tarde recibió el llamado del videoclub jamás pensó escuchar que le llegó el momento de pagar la multa, nada más y nada menos que diez mil pesos.

"Tenemos fuertes sospechas de que los dueños del local siempre supieron que Andrés no había devuelto la película y que esperaron el momento adecuado para reclamar la jugosa multa, cerrar el negocio e irse a vivir al sur. Ese fue un accionar muy desleal para con mi cliente, más aún sabiendo que en su momento él tenía solamente 12 años", declaró el abogado de la familia Faes.

viernes, enero 8

Pequeño pueblo brasileño fue declarado en emergencia mundial por su extrema miseria

Final-
mente la ONU, la Or-
ganización Mundial de la Salud y la Or-
ganización para la Agricultura y la Ali-
mentación alertaron al continente americano al declarar la emergencia mundial, sanitaria y alimenticia del pueblo de Garaxaçao (10.000 habitantes) ubicado en la franja noroeste de Brasil. Tal poblado heterogéneo, compuesto por zonas rurales y semiurbanas en franca degradación, jamás había tenido repercusión en las principales cadenas multimediales de aquél país hasta que cinco meses atrás un grupo de habitantes se desplazara en bicicleta por más de 3000 mil kilómetros hasta la capital brasileña en reclamo de presencia y asistencia estatal para exigir la satisfacción de sus necesidades básicas. Las bicicletas fueron recicladas y construidas en base a materiales recolectados de depósitos de basura y al no contar con ruedas y cubiertas los vecinos movilizados tuvieron que ingeniárselas fabricándolas con mallas de alambre y recortes de colchones.

Tal como consta en el informe presentado por la OMS y la FAO, " Los habitantes de Garaxaçao subsistieron por más de 20 años en condiciones infrahumanas en viviendas montadas con placas de plástico recubiertas con piel de papás y batatas, calles y caminos labrados por sus propias palas y manos y un sistema de transporte público administrado por la misma población que proveyó al mismo de dos buses-autos, esto es, dos colectivos integrados por cuatro automóviles en hilera unidos por una soga reforzada, los cuales fueron reparados y rescatados de una hojalatería en descomposición".

El informe prosiguió sin medias tintas: "La escuadra enviada por la ONU pudo verificar que dentro del mapa suburbano no existía siquiera una sola sala de asistencia médica y que los enfermos graves debían ser llevados al hospital municipal más cercano (a unos 15 kilómetros) mediante el sistema de "brazo a brazo", el cual consta de hacer sonar una sirena para alertar a los vecinos y que sean ellos quienes vayan cargando el cuerpo del enfermo y se lo vayan pasando de mano en mano cual eslabones de una cadena humana hasta llegar en fila al hospital".

Además, "se hizo visible un gran número de lisiados que cuando no se arrastraba por los suelos se movilizaba sobre sillas de mimbre adheridas con cinta adhesiva sobre patines de cuatro pequeñas ruedas, ollas de cocina cubiertas con sábanas sucias para que no despidieran aroma a alimentos y evitar así que eso pudiera provocar grandes trifulcas, una gran fosa de tierra cavada y llena de agua con peces de arroyo para luego consumirlos y varios televisores con largos cables colgados y montados entre los árboles de los caminos y veredas para que el poblado en su conjunto pueda apreciar las malas noticias del resto del mundo".

La llegada en bicicleta de los garaxaçoenses a Brasilia produjo la interrupción provisoria del tránsito durante algo más de una hora y la mayoría de los trabajadores, peatones y automovilistas urbanos mostraron malhumor y enojo ante semejante caos.